domingo, 2 de diciembre de 2012

0 Irán mantiene el pulso a Occidente.


Marta Puerto Pascual

Las tensiones entre el país iraní y el binomio Estados Unidos-Israel se recrudecen. El temor de que Irán utilice el enriquecimiento de uranio con fines bélicos sigue presente. La publicación de un diagrama que simula un arma con una fuerza explosiva mayor a la que el país americano utilizó en Hiroshima ha hecho saltar las alarmas. Sin embargo, este documento no constituye ninguna prueba definitiva, y aún menos credibilidad puede albergar al ser filtrado por un país que, a su vez, ha pedido la reserva de su identidad.

Como en cada intervención de los representantes iranís, el político persa Mesbahi Moghadam niega que se esté construyendo un arma nuclear, aunque señala la capacidad científica y tecnológica que el estado teocrático ostenta. Irán pretende por todos los medios calmar la opinión de la Comunidad Internacional, aunque no pierde oportunidad para destacar las posibilidades armamentísticas que posee y que no dudaría en utilizar en caso de ser atacado. Ya lo anunciaba el representante persa ante la OIEA, Ali Asghar Soltanieh: “nadie se atrevería a atacar a Irán, pero si hay un ataque, estoy seguro de que habría una dura respuesta”. El país islámico ha amenazado con reducir su cooperación con esta organización en el caso de recibir un ataque por parte de Israel o Estados Unidos.

Las sanciones impuestas por su programa nuclear ya han pasado factura en la economía iraní, en la que el rial alcanza números rojos. La salida más inmediata para Irán parece ser establecer alianzas en el territorio latinoamericano. Cuba, Venezuela o Ecuador ya han mostrado públicamente su apoyo a un país que consideran injustamente agredido por el “imperio yanquee”. La nueva estrategia de la República Islámica apunta al apoyo militar a países vecinos y aliados que lo soliciten, concretamente con los buques que las Fuerzas Navales están dispuestas a ofrecer.

Occidente, pese a los mensajes tranquilizadores que Irán se empeña en difundir, sigue preocupado por la elevada actividad nuclear en el país islámico y observa de cerca cada uno de sus movimientos. Este conflicto responde al tradicional enfrentamiento entre el pensamiento occidental y el oriental-islámico y no augura una solución sencilla. Mientras estas diferencias no se superen y Occidente no ofrezca un trato igualitario al mundo islámico, no será posible la consecución de la paz. El mundo seguirá dividido en dos grandes bloques enfrentados y el fanatismo islámico se agudizará. O como bien recomienda el columnista Andrés Ortega: “no hay que tenerle miedo al islamismo político, sino aprender a tratar con él”.

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